No cabe ninguna duda de que la obra de Ralph Gibson constituye una referencia esencial para los fotógrafos inquietos que se plantean desarrollar un universo personal mediante las herramientas propias de la fotografía objetiva y documental: captar con la cámara escenas no preparadas previamente sin más manipulación que el trabajo de laboratorio y la posterior edición.
Gibson (Los Ángeles, 1939) fue asistente de Dorothea Lange y ayudante de Robert Frank, lo que lo conecta con el documentalismo de los fotógrafos norteamericanos de los años cincuenta y sesenta. Esto puede apreciarse visiblemente en sus series “San Francisco” y “Hollywood”, realizadas entre 1960 y 1966. El legado de Robert Frank sería incluso material, puesto que heredó la ampliadora Leitz Focomat con la que Frank positivó “The Americans”
Establecido en Nueva York hacia finales de los años sesenta, se iría alejando del reportaje y de la objetividad para buscar la introspección personal.
Creando en 1969 su propia editorial, Lustrum Press, mostraría la que es una de sus principales apuestas: la difusión de su obra mediante la publicación impresa organizada en colecciones ordenadas, interesándose menos por las exposiciones en las salas de arte. De esta manera expresa igualmente su preocupación por la creación de series que constituyen una meta como obra creativa, y se aleja de los caprichosos y fluctuantes caminos del arte contemporáneo.

Hand Through Door (de “The Somnambulist”)
Utiliza desde 1961 la Leica y se centra en la técnica del 35mm, trabajando con la inmediatez y espontaneidad del fotógrafo callejero (la influencia de Robert Frank) combinadas con la gestualidad derivada del manejo de esta pequeña máquina manual sin visión réflex.
“The Somnambulist” (1970), “Déjà–Vu” (1972), “Days at the Sea” (1974), “Chiaroscuro” (1972-88), “L’Histoire de France” (1971-1998), “Gotham Chronicles” (1977-88), “Pharaonic Light” (1987-97) son muestras representativas de sus trabajos, de los más introspectivos a los más influenciados por la presencia en una ciudad o un país determinados.
A todo lo largo de su ya dilatada obra su composición se suele concentrar alrededor de estructuras geométricas destacando, bajo un extremo contraste, aristas afiladas y vértices puntiagudos que a menudo resultan amenazadores. Personas anónimas, escenas cotidianas, a veces banales, enseñan un universo de tensiones equilibradas que sugiere extrañeza e incluso misterio. El hilo de conexión entre sus imágenes favorece pares de ellas que sugieren una tercera en la mente del espectador sensible.
El único cambio estético importante en su obra fue la apuesta por el color, que introdujo en su colección “L’Histoire de France”, aunque después ha simultaneado ambos medios. Según sus propias palabras, el cambio de técnica le viene a resultar como utilizar un idioma diferente para decir lo mismo. Y utiliza uno u otro según el lugar (o momento) en que se halle. Aunque el color pueda aportar una reproducción más realista del mundo, él ha seguido mostrando sus mismos planteamientos, aunque tal vez no posea imágenes tan visualmente impactantes como la célebre escena, aparecida en “The Somnambulist”, en la que una negra mano entreabre una puerta en un increíble contraluz. Sí es cierto que con series como “Pharaonic Light” se ha alejado ligeramente de la geometría formalista que acompaña su primera trilogía.
Otra característica de su obra, que establece un nexo entre sus series, es la inclusión en algunas de ellas de nuevas imágenes, lo que ha provocado que se extiendan por décadas, actualizándose con momentos y experiencias renovadoras.

Lips and White Shirt (de “Days at Sea”)
La obra de Ralph Gibson es una muestra de cómo se pueden contar sensaciones, sentimientos y momentos, una visión personal del mundo, que puede ser narrativa y literaria, a veces poética, utilizando una sencilla cámara de 35mm. y utilizando por ello, los recursos propios del lenguaje fotográfico. Una visión intuitiva, de personaje viajero en el mundo, transitando lugares, conociendo personas, mostrando relaciones humanas, algunas amorosas, atrevidamente sexuales a veces.
Sin artificios, mirando por el visor, encuadrando y enfocando, ajustando abertura y velocidad, para lograr unos negativos que luego positiva con una estética muy contrastada, potenciando el efecto del grano de la película.
Para los fotógrafos de generaciones posteriores que quieren expresar sus vivencias cotidianas ha enseñado que las herramientas son las mismas: observación del mundo, con atención especial a sus más pequeños detalles, trabajo en laboratorio para dotar a las imágenes del carácter que se quiere transmitir, y una compleja tarea de edición para organizar colecciones que muestren un ritmo narrativo que mantenga el interés y la tensión.

Victoria (de “Gotham Cronicles”)